Parque encerrado

Habría jurado que era una habitación, porque solo sentía tu presencia. Tu respiración, tu tacto, tu beso, tu temperatura. Solo estaba el sonido de ese órgano que dices tener porque sientes su palpitar. No es una máquina, pero todavía no has aprendido a usarlo. El parque estaba embotellado. El oxígeno se iba perdiendo. Tu esencia empezó a tornarse nebulosa, todo se volvió turbio. Mi ternura se confundió en medio de tu deseo, mi nobleza se opacó por tu decisión inminente, mi suavidad fue amedrentada por tu bruta fuerza desesperada y cualquier indicio de atracción hacia ti fue arrancado.

Juraría que me enamoré de tu recuerdo, de los rastros que dejó aquel día. Quedé hipnotizada por algunas palabras, pero luego noté lo ásperas que eran. Qué poco importó. No quise mezclar candor con imprudencia, cocinar mentiras perfectas. Guardarme en el recuerdo tanto desprecio, sin sabor dulce... Ya no eres como el vino de bodega fina, no llenas mi Lima con tu neblina, eres un ser bruto y sin temor, eres como una bestia, sin una pizca de amor.