Jean Paul

En medio de la claridad y la oscuridad; entre lágrimas, suspiros y risas; entre la vida, la muerte y tres limbos; cuando anochece y amanece al mismo tiempo... En ese momento dos almas se reconocerán y en medio de aliento angelical se verán fundidas en el aro de polvo perfecto que correrá para siempre.

Pensé reconocer a estas almas, cómo no iba a hacerlo. Yo era polvo en ese entonces, contemplaba todo objetivamente, luego me convertí en brisa, luego me confundí entre sus alientos. Contemplé perfectamente toda la escena. Fue perfecta. En algún momento me había transformado en ceniza, acompañaba a algunas colillas de cigarro. Luego caí, de casualidad, al café. Me evaporé con el humo de la sustancia que hervía sin piedad. En medio de este infierno, seguía disfrutando de la placentera compañía de dos almas que se conocían pero se habían conocido toda la vida. Él la miraba y ella a él, lo había amado desde que lo conoció en aquel diario magnífico lleno de existencialismo.

Cerró el libro y yo me convertí, una vez más, en la respiración de la dama con alma de hierro y labios de ficción. Alma perfecta, extravagante, sueños de cera, pompas de jabón, castillos de esperanza, ojos de ilusión. Duerme ahora, niña, se acabó. Cierra los ojos, exhálame lejos... Dame un último adiós. He cobrado vida gracias al recuerdo, tu amor por un libro, tu vida en ficción. Siempre estarás enamorada de ese hombre, ese hombre que solo en sueños existió y que más tarde en un libro se plasmó. Gracias a aquel, tu filósofo favorito, que solo hace unos segundos, aunque en sueños, te amó.

Gris, lento y hermoso

Mucho en pocos segundos,  
a esta hora, los buses están vacíos, 
el humo de Lima se hace menos denso, 
el aire me habla mientras el bus avanza lenta y rápidamente.

Lo siento, me siente, 
lo busco, luego pienso 
¿de que me sirve buscar aquello 
que no espera ser encontrado, 
se aleja de mí, vive asustado? 

Los amigos se reconocen en los momentos de pena, 
en los que las lágrimas inundan la acera, 
en los que los rostros agudizan la espera, 
en los que las velas derriten la cera. 

Es cosa de meditar tranquilo, 
ver un momento los carros pasar, 
notar que son demasiados 
para tan pequeña ciudad.

Tarde de mayo

Suave escribe y yo la observo,
un fantasma hermoso
que me acompaña todavía;
una nívea piel
que adorna mis espadas,
con mango de oro,
las puntas afiladas.

Ella es preciosa, única;
es mi letra, es mi fa,
es mi clave y es mi verdad;
mi ironía y realidad.

Ella, perfectamente imperfecta,
sensual, bella y a la vez tensa.
Ella, que me enloquece cada día,
cabello oscuro y perfil de muñeca,
me aturde y calma todos los días.

Astuta mujer, mi adicción, una arpía,
que de vez en cuando es mi heroína,
me salva del odio, de la agonía;
fantasma oscuro, libre de día.

Alma fascinante, extraña a la vista,
no huyas, hermosa,
no aborrezcas la vida,
bésame fuerte, respira aturdida.

Te has vuelto mi vicio, ilusión maldita,
me atrevo a tocarte,
caes desvanecida,
te esfumas en el aire,
mi pasión va contigo...
Vuelve, maldita,
hazme compañía.

Níveo fantasma,
de piel fascinante,
tócame segura,
olvida a tu amante;
ven aquí conmigo,
unámonos al atardecer;
déjame morir, apacible,
junto a ti, al amanecer.