Dos cuentos de trigo y uno de lana

Conflicto y guerra bajo un mismo techo,
progreso en fuego y corto el trecho,
descanso del alma en materno lecho,
cerrar los ojos pues ya está hecho.

Entrar en calma, llorar en paz,
buscar la luz en soledad,
tocar suavemente la piel de maja,
dos cuentos de trigo y uno de lana.

Allá, aquí, en libre albedrío,
en horas errantes y tiempo sombrío,
aparece un personaje, ficticio y real,
un desconocido de mirada animal.

Sentimiento adverso, anarquía interna,
un relato de cuero y suave poema,
la historia de luz y el dolor de la ficción,
la irrealidad y el silencio de odiar la canción.

Y viene el roce luego, momento intenso de hierro,
temblor y caos interno,
catarata de fuego,
otra guerra y un cañón,
una explosión de emoción.

Una lágrima ácida, lluvia de horror,
impaciencia, cólera y lamento de algodón,
otro roce y calidez máxima,
nervio inmaculado, negación del tratado.

Semilla nunca sembrada,
flor extraña de cien hojas,
emergente vida nueva,
aliento de esperanza,
de aquel divino que inunda el alma.

Y el silencio invade el bosque,
sigue el vicio de la duda,
desconfiar de flores rojas,
y sembrar diez amapolas.

Y es que el miedo aturde al humo,
el silencio aún me calla,
caigo libre en la maraña,
en dos cuentos de trigo y uno de lana.

Mácula inmaculada

De la angustia al casi olvido,
del rencor a una suerte de perdón,
una mácula prohíbe
la pureza del corazón.

Esta mácula que hay dentro,
que no tiene buen consuelo,
me carcome y me conmueve
hasta que muerda el anzuelo.

Mácula inmaculada
que yace en aquel beso,
mácula permanente
misericordiosa como el yeso.

Mácula curiosa,
mácula engañosa,
que aleja al hombre aquel
para devolverme mi preciada soledad.

Mácula inmaculada, que no te has de mezclar,
mácula permanente que no me deja avanzar,
mácula perdida que en mis entrañas está,
mácula perfecta, que me deja observar.

Mácula ocular,
que me hace ver los segundos correr,
reduciendo su velocidad,
cayendo en el azar.

Mácula que me hizo daltónica en la esperanza,
que me hace confundir colores en el filo de una lanza,
que hace que se incline hacia mí la balanza,
¡mácula inmaculada, piedad a mi alma!

Brindis

Brindo por callarme a la distancia,
por repudiar el viento y tomar la brisa entre mis manos,
porque estoy perdiendo la cabeza
y brindo con buen trago.

Brindo por lo que anhelo y se me ha arrebatado,
brindo porque es de madrugada y por el sol amargado,
brindo por la luna y porque me ha enamorado,
brindo también por él, quien lento me ha matado.

Es preciso brindar esta noche, por mi hermana y mi hermano,
porque no existen en este mundo, pero tal vez en un mundo pasado.
Brindo porque tengo amor, amor que nunca es vano,
brindo porque estoy muriendo y tengo un puñal en la mano.

No tengo ni tendré sueño, quiero seguir brindado,
traiga otra ronda, mozo, este es mi último peldaño.
Brindo por los que son felices, por mis amigos de corazón,
brindo por quien me hizo daño y como Judas, me besó.

Brindo por las cosas nuevas
¡y brindo por el trabajo!
Brindo por los hombres viejos,
que como nuevos han quedado
y brindo por sus mujeres,
por haberlos acompañado.

Brindo por mis padres, por mis abuelos,
¡suenen las copas por Dios!
Brindo por esta noche y los recuerdos que se han formado,
brindo por quince minutos
que poco a poco se han olvidado.

Brindo por la tecnología, por que pronto desaparezca,
brindo porque quería que mi vida se desvanezca,
brindo por una carta, brindo por una flor,
brindo porque aún creo que merezco algo de amor.

Corre la noche rápido, canta un ruiseñor,
suenan de pronto campanas, ya despertó monseñor,
un abrazo entre todos, ha sido un verdadero placer
brindar con todos ustedes, feliz hasta el amanecer,