De la angustia al casi olvido,
del rencor a una suerte de perdón,
una mácula prohíbe
la pureza del corazón.
Esta mácula que hay dentro,
que no tiene buen consuelo,
me carcome y me conmueve
hasta que muerda el anzuelo.
Mácula inmaculada
que yace en aquel beso,
mácula permanente
misericordiosa como el yeso.
Mácula curiosa,
mácula engañosa,
que aleja al hombre aquel
para devolverme mi preciada soledad.
Mácula inmaculada, que no te has de mezclar,
mácula permanente que no me deja avanzar,
mácula perdida que en mis entrañas está,
mácula perfecta, que me deja observar.
Mácula ocular,
que me hace ver los segundos correr,
reduciendo su velocidad,
cayendo en el azar.
Mácula que me hizo daltónica en la esperanza,
que me hace confundir colores en el filo de una lanza,
que hace que se incline hacia mí la balanza,
¡mácula inmaculada, piedad a mi alma!
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