Dos cuentos de trigo y uno de lana

Conflicto y guerra bajo un mismo techo,
progreso en fuego y corto el trecho,
descanso del alma en materno lecho,
cerrar los ojos pues ya está hecho.

Entrar en calma, llorar en paz,
buscar la luz en soledad,
tocar suavemente la piel de maja,
dos cuentos de trigo y uno de lana.

Allá, aquí, en libre albedrío,
en horas errantes y tiempo sombrío,
aparece un personaje, ficticio y real,
un desconocido de mirada animal.

Sentimiento adverso, anarquía interna,
un relato de cuero y suave poema,
la historia de luz y el dolor de la ficción,
la irrealidad y el silencio de odiar la canción.

Y viene el roce luego, momento intenso de hierro,
temblor y caos interno,
catarata de fuego,
otra guerra y un cañón,
una explosión de emoción.

Una lágrima ácida, lluvia de horror,
impaciencia, cólera y lamento de algodón,
otro roce y calidez máxima,
nervio inmaculado, negación del tratado.

Semilla nunca sembrada,
flor extraña de cien hojas,
emergente vida nueva,
aliento de esperanza,
de aquel divino que inunda el alma.

Y el silencio invade el bosque,
sigue el vicio de la duda,
desconfiar de flores rojas,
y sembrar diez amapolas.

Y es que el miedo aturde al humo,
el silencio aún me calla,
caigo libre en la maraña,
en dos cuentos de trigo y uno de lana.

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