Mucho en pocos segundos,
a esta hora, los buses están vacíos,
el humo de Lima se hace menos denso,
el aire me habla mientras el bus avanza lenta y rápidamente.
Lo siento, me siente,
lo busco, luego pienso
¿de que me sirve buscar aquello
que no espera ser encontrado,
se aleja de mí, vive asustado?
Los amigos se reconocen en los momentos de pena,
en los que las lágrimas inundan la acera,
en los que los rostros agudizan la espera,
en los que las velas derriten la cera.
Es cosa de meditar tranquilo,
ver un momento los carros pasar,
notar que son demasiados
para tan pequeña ciudad.
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