3:00 am

No había sentido la cálida mano de la ausencia hace tiempo,
el gélido beso de la angustia y la desesperación
es que la temperatura de mi cuerpo no conoce desazón
y muero lentamente en la esperanza de que el viento perdone mi razón.

Pues perdóname tú ahora, si el perdón no implica amor,
pues disculpa si mi cuerpo desconoce ahora el dolor,
trata ahora con espadas, de cortar mi vida y sabor,
bórrame de tus labios, lánzame de tu balcón.

Elimina cada huella, en la nieve o en el lodo
elimina si es que el oro aún se funde con un lobo,
borra todos mis recuerdos, ahógate en sinsabor,
y sin justicia divina, dibuja con lluvia el calor.

Trata de evaporar la vida en un instante,
trata de que esa mujer se convierta en tu amante,
procura no volver y fundir plata con arena,
mírate luego al espejo y recuerda mi olor a canela.

No fui jamás tuya, fui ajena como sal y trigo,
esperando una vida tranquila, envuelta y libre cual río.
Envidia mi libertad, mi género, después mi oro y pasión,
no olvides que soy mujer, no pude escoger mejor.

Sigo siendo un magneto, un árbol y a la vez la flor,
soy el alma escondida, el canto y el rubor.
Soy el deseo máximo, el sexo, la pasión,
soy tu madre y abuela, tu hija y tu tradición.

Soy ahora un poema, tu novela, tu canción,
trato de ser tan fuerte como roca en socavón,
trato de ser efímera, como brisa en un avión,
nada borrará jamás el recuerdo, nuestra flor,
así que, harta del golpe de la nostalgia y ante la presión,
pongo en tus manos tres besos, dos cantos y una oración.

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