Y la luna

Aquí duermo, estudio, vivo y sonrío. En esta habitación, que muchos considerarían insípida; con mil colores de por medio, con paredes que parecen encarcelarme... Esta habitación es el auge de mis memorias, de mis alegrías, de noches como estas, que solo pueden ser plenas si aquel hermoso satélite está de por medio. No, no está aquí, no brilla en esta habitación, pero lo veo brillar de lejos, con un resplandor diferente, tan lejos y tan cerca a la vez. La luna, que tantos dolores ha pasado, siente como la sombra de la tierra la acaricia suavemente, sin gravedad o movimiento, solo un leve gesto de cariño en medio del infinito. Ella siempre ha estado enamorada de la tierra, su destino es observarla constantemente, a veces alumbrar sus noches, dar vueltas a su alrededor por toda la eternidad, soñar con tocarla algún día, soñar con sentirla más cerca que por medio de una sombra.

En noches como esta veo la luna, pienso en mi vida mientras la observo; la humedad y un cigarro son mi fiel compañía, y gracias a estas cuatro ventanas logro disfrutar plenamente de estos momentos, sentada en mi cama. Pienso en mis errores, si alguna vez me enamoré, si creí hacerlo, cuántas veces fui traicionada, si quedaré sola, o no. Tal vez me seguirá acompañando la humedad, Lima, la brisa tímida y callada que pasa a través de mi ventana y enfría un poco mi cara en estos tiempos de calor.

Él tal vez existe, tal vez es solo producto de mi imaginación, tal vez lo conocí hoy, tal vez ayer, tal vez siempre estuvo ahí... Aunque jamás lo haya hecho, siento que me besa con ternura, siento que toma mi mano mientras vemos la luna. Cierro los ojos, respiro profundamente, recuerdo episodios, veo gente pasar, fumo, lo veo frente a mí por una milésima de segundo... Luego desaparece dejando el anhelo de verlo pronto.

Pero... ¿Quién es?

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