El perfume y mis aretes

No es común sentir este tipo de cosas, de hecho, hace tiempo no experimentaba esto. Me molesté con él, con cierta broma en la conversación; me resentí y me di la vuelta, mis labios contenían perfectamente aquella sonrisa que moría por asomarse. No pasó mucho rato para sentir esos brazos rodeándome lentamente, dando calor a mi cuerpo, alimentando mi alma, respirando en mi oído, latiendo conmigo. Me dio un beso en la mejilla, olió mi perfume, movió mi arete con su nariz, me dio un beso en el cuello, volteé, lo abracé y el momento se congeló. Parecíamos dos niños, luego de haber jugado, yo me molestaba y él me daba una flor. Tan sencillo, tan hermoso.
Lo miré a los ojos y cuando su respiración y la mía se cruzaron, desperté.


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