Un parche en la almohada

La cama, ciega, siente el aroma,
siente el grito, siente el dolor.
La cama, temerosa,
calla por temor al despiadado amor.

El crucifijo, arriba, llora sangre,
la cama aún calla viendo el derrame,
el gemido y el llanto, luego el deber,
bajo la luz cegadora del pecado, del placer.

La almohada impaciente quiere gritar,
un parche la toma por asalto en silencio,
inminente callan cada secreto,
cada beso, cada exceso.

El cuarto que tiembla delante de mí,
se respira un ambiente fuera de sí,
una luna con luz, forma un halo sin fin,
un búho que llora con suave voz gris.

La amada, el amado, suave carmín,
la mujer y sus pechos, el verde tapiz,
la almohada que calla, el parche y el gris,
el hombre que amó a la flor matriz,
a la piedra angular, la mejor del jardín,
que dio como fruto un nuevo matiz.

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