Buscaba tesoros, he vuelto a llorar

Siempre quise encontrar un tesoro, un cofre lleno de tesoros: piedras preciosas, perlas, oro, plata, coronas y espadas...
Creí que en una búsqueda constante en Islas del Tesoro, lo encontraría... voy casi once años en busca de estos tesoros.
Busqué al principio en una Isla grande, hecha de cemento, donde yo no me movía mucho y buscaba silenciosamente. Pasé seis años de mi vida en esa Isla, no pasé muchos buenos momentos, la Isla a veces no daba frutos y yo moría de hambre, pero finalmente logré hallar grandes tesoros que marcaron mi vida. Hasta hoy los conservo y amo, ellos también me aman a mí.
Luego de esos seis años, tomé mi embarcación y fui a la deriva, hubo una gran tormenta... Desperté en una Isla nueva, con aires extraños y tornados constantes. Hallé refugio, pero todo en esa Isla era engañoso. Un lado de la Isla estaba adornado de flores preciosas y se veía el cielo azul, no habían tornados pero había una maleza gigante, árboles inmensos que no me permitían pasar a ese lado.
Aún llevaba los tesoros de la Isla Grande y algunos que encontré fuera de la Isla grande, que traía el mar como por milagro. Uno de los tesoros que trajo el mar es hasta ahora uno de los tesoros más lindos que me pudo regalar la vida. Me quedé por cuatro años en el lado lúgubre y engañoso de la Isla pequeña, deambulaba sonriendo aunque no me fuera bien. A veces parecía que el cielo estaba tornándose azul, que las aves cantaban y que los tornados no vendrían, pero el cielo se tornaba gris, las aves se burlaban de mí y los tornados venían con más fuerza.
En mi refugio reparé mi embarcación y guardé mis tesoros: los que hallé en la Isla Grande, en la orilla de esta y los que hallé en la orilla de esta nueva Isla. Terminé de reparar mi embarcación, estaba lista para irme. Guardé todos mis tesoros... zarpé. Mi barco flotaba con éxito y veía la isla dividida en un lado bello y un lado terrible.
Me sentí cobarde de nunca haber trepado los árboles o cortado la maleza así que cambié la dirección de mi barco y rodeé la Isla, desembarcando esta vez en el lado hermoso de la Isla pequeña. Los aires olían a amor, los árboles despedían alegría y ahora, que vivo un último año en esta nueva Isla pequeña, no pienso volver al lado lúgubre jamás.
Hoy vivo tranquila en esta Isla y encuentro un tesoro con más frecuencia. Pasaron meses desde la última vez que lloré, no quería saber del llanto y me resignaba al hecho de llorar, pero un tesoro me hizo llorar hoy... me hizo pensar en mi frustración de no haber trepado antes los árboles, de no haber cortado antes la maleza... ¿por qué me demoré tanto en decidirme a ser feliz de este lado de la Isla?. No podía responderme, no sabía las respuestas, me frusté, mi corazón se estremeció, mis ojos se cristalizaron, mi pecho se cerró, mi voz se quebró, sonreí, me puse seria, los sollozos silenciosos me mataban y finalmente, una lágrima recorrió mi mejilla lentamente. Lloré.
Pasó un rato entre las lágrimas y los sollozos... pero luego estuve bien. Me calmé y sonreí. De alguna forma u otra -tarde- me decidí a ser feliz del otro lado, lo hice, no me resigné, no huí. Me sentí feliz luego y ahora recolecto más tesoros, sonriendo todos los días al ver el cielo azul, las aves cantando y el ambiente armonioso que respiro ahora en esta Isla.

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