Tenga usted en cuenta que la vida es muy corta y no vale la pena perder el tiempo. Cada respiración cuenta, cada palabra tiene valor y cada minuto pasa sin compasión.
Deje, mientras lea un libro, los pensamientos mundanos y materialistas. No piense en su ropa, su condición, en sus bienes o en su vida. Piense, en cambio, en lo que realmente vale la pena: en los coloridos segundos que el destino regala a diario... no hay que cegarse a la posibilidad de una mejor vida, no hay que negarle la entrada a la felicidad.
Tengamos en cuenta que estamos más muertos que vivos en este mundo, que cada minuto es prestado y que cuando pasemos de un mundo a otro, no importará con qué ropa hemos muerto, no importará si nuestro ataúd de entierro es de caoba o de cedro, el cuerpo yacerá ahí, inerte, muerto... perteneciendo a la interminable colección de la frívola muerte, que nos llama y respondemos, estando más cerca de ella con cada minuto que pasa.
Por estas razones, disfrute de cada fracción de segundo al leer. Sea feliz en el mundo que un libro le ofrece y abra su corazón y su mente... déjese llevar por esa historia, deje a esa alma ser escuchada... todos los escritores tenemos algo que decir.
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