Hacia la catarata de las almas

Heme aquí, cruzando las barreras del tiempo, dando pasos largos hacia lo desconocido. Camino lentamente hacia la selva de los mil mañanas, hacia la sonrisa de los por qués, hacia la cortina de los velos de novias puras, hacia las memorias y alegrías de seres que desconozco.
Llevo en mi equipaje todo lo que soy. Mi carga es liviana pero valiosa. Soy solo un magneto para las cosas extraordinarias, soy el canal entre la pena y la dicha, soy fruto del sufrimiento voluntario que terminó luego en una sonrisa, soy una maravilla y la frustración máxima de un hombre. Almas tranquilas me hablan con cada paso que doy y en cada siguiente me gritan las almas angustiadas. Hay diezmil gritos al oeste, ocho mil ayeres detrás de los gritos, cincuenta memorias que tratan de ser borradas y cuarenta almas desdichadas. En el este, a donde voy, encuentro culpas lavadas con agua, veinte sonrisas puras, treinta mil personas tomadas de la mano en signo de paz y una maraña de felices memorias que me susurran experiencias, cada vez más fuerte, conforme me acerco a su territorio. Estoy a punto de llegar, estoy tranquila, en paz, no sé qué decir, por eso sonrío reflejando la pura alegría que me invade en ese momento. Son diez mil sonrisas, consumadas en una sonrisa intensa, ahora mismo.

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