Una nube me transporta, su silencio me llama. Un desierto nos separa. Él me ahoga en los recuerdos, lento nada en mi memoria, suave corta con tijeras, cada una de mis victorias.
Una playa de papel, con arenas de cartón, ahí camina, él, lentamente, con zapatos de ilusión. Ve paredes de metal, colecciona latas de tristeza. Siente gotas de alegría en la lluvia de felicidad; oye gritos en el silencio, en medio de la tempestad.
Él vuela en el ayer, navega lento en el hoy, él acaricia mi sentir y destruye mi dolor; junto él no siento temor del mundo, pero siento temor hacia él.
Nos mezclamos un día extraño, caímos ambos de un peldaño. Inventó por qués para lo nuestro y cómos para consolidarlo. En un dónde de aquellos, se mezcló el agua y el aceite, salió el sol una noche, las estrellas cayeron del cielo y las flores las reemplazaron: empezamos un caminar nuevo.
Entre peros y por qués se empezaba a notar la diferencia, la mezcla jamás se consumaría. El complemento era bueno, pero las partículas seguían separadas. Así fue, es y será, pero aún así, el agua se niega a separarse del aceite.
Él llora lágrimas ácidas, lamenta la existencia del ayer, llena una caja con máscaras, y es el único equipaje que ha de tener. Odia fantasmas que me persiguen, detesta mis mundos infantiles; repudia todo movimiento en mi contra, o cualquiera que sugiera una intención oculta.
Espero que en algún momento, no haya un trueno entre nuestras bocas, espero que no hayan peros al momento de perdonar, espero que no hayan por qués luego de tomar una decisión... espero que todo marche bien y naveguemos sin rumbo en el futuro que nos espera: juntos.
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